Introducción
En este punto cruzáis la parte alta de la riera, uno de esos rincones donde todavía se conserva la vegetación original: el encinar.
Los torrentes son el mejor lugar para adentrarse en el encinar que antiguamente ocupaba las umbrías de estas sierras. En este bosque sombrío, que a menudo dificulta el crecimiento de otras plantas, encontramos troncos y copas cubiertos de zarzaparrilla.
El arítjol es una planta trepadora con hojas en forma de corazón y espinas en el tallo. Sus frutos son bayas rojas muy llamativas, pero altamente tóxicas, ya que provocan vómitos, diarreas y una fuerte disminución de los glóbulos rojos en sangre.
A ras de suelo, la vinca, el rusco, la rogeta y las hiedras son plantas típicas del encinar húmedo. En los claros, como aquí en pleno torrente, la zarza se vuelve dominante.
Son auténticos oasis donde la fauna encuentra refugio, alimento y lugares de cría. Picos, arrendajos, carboneros, pinzones, mirlos y ruiseñores bastardos nos harán percibir la vida de estas pequeñas selvas.