Can Quitèria. Sant Cugat.
Volver

CAL QUITERIA

Route POI
Arquitectura
Ficha

Introducción

Cal Quiteria es una de las pocas casas de campo que quedan dentro del núcleo urbano. Está situada en la calle de Vinyoles, 6, esquina con la Rambla de Can Mora, hoy encajonada entre edificios. Fue construida entre los años 1879 y 1884 por Josep Pahissa Claret, y su aspecto no ha cambiado mucho desde entonces, aunque ha desaparecido el molino de viento y una parte de la construcción que coronaba la casa. Toda la ornamentación fue realizada por Francesc Arpí, de Cal Gerrer, el cual aportó un puñado de elementos, como los balaustres, los dinteles y las cornisas.

A finales del siglo XIX, San Cugat vivía un buen momento económico, especialmente gracias a la producción vitivinícola. Este clima de euforia hizo que la población se extendiera, principalmente, por el sector de la plaza de Barcelona. Una de las nuevas construcciones fue necesario Quiteria, hecha al estilo de la casa de campo. Esta casa se podría considerar, pues, una muestra del crecimiento autóctono del pueblo agrícola.

Su nombre surge de las frecuentes invocaciones a la santa por parte del hijo de José Pahissa Claret, que repetía constantemente: "válgame Santa Quiteria!". Esto hizo que la casa fuera conocida con este renombre.

El 6 de octubre de 1934, cuando sublevados del Bloque Obrero y Campesino asaltaron el Ayuntamiento de San Cugat, la Generalitat envió un pelotón de guardias de asalto con órdenes de disparar contra el edificio de la Casa de la Villa, que alguien describió de esta manera imprecisa: "... al llegar, la primera casa grande que ver es el Ayuntamiento ...". El pelotón  pensó que Cal Quiteria era la Casa de la Villa y disparó contra ella. En los alrededores del mediodía del día 7 de octubre, la familia Pahissa comenzó a escuchar disparos de escopeta. El nieto del fundador de la casa, Joan Pahissa Villadelprat, que entonces tenía 27 años explicó a Frederic Cabanas, según recoge el libro San Cugat. Orígenes e historias de un pueblo y de una familia lo siguiente:" Mi hermano y yo subimos al piso de arriba, donde enseñamos un paño blanco en señal de paz, y ellos, pensando que nos habíamos rendido, hicieron el alto al fuego”. El libro continúa explicando que aquellos hombres, saliendo de Cal Quiteria siguieron buscando el Ayuntamiento, pero tampoco con mucho acierto, ya que lo confundieron con la Cansaladeria Juliana (calle Sant Antoni esquina con Francesc Moragas), y volvieron a disparar equivocadamente, esta vez porque, como era tradición en las charcuterías, había colgada una bandera roja en la ventana en señal de que habían matado el cerdo.

Los impactos estuvieron visibles en la fachada de Cal Quiteria durante mucho tiempo hasta la actual rehabilitación del edificio.

Una vez conocido el edificio, no podemos evitar hablar de la esbelta figura del ciprés que acompaña a la casa principal. Es conocido como el Ciprés de Cal Quiteria. Parece como un centinela que guarda la casa, siendo un símbolo de hospitalidad, acogida y espiritualidad en muchas casas solariegas de raíz histórica de Cataluña.

Antiguamente, como ya es sabido, el ciprés se consideraba un símbolo de hospitalidad. Se plantaban cipreses en la puerta de las casas para indicar a los viajeros que la casa les ofrecía comida y a veces cama y todo. En Cataluña hay una serie de tradiciones, cuentos y leyendas que se refieren al derecho que tenían los pobres a pasar la noche y hospedarse en algunas masías. Así, si había un ciprés ante la casa, quería decir que tenían derecho a una pequeña comida, es decir, vino, pan y un poco de embutido. Si había dos, entonces se podía esperar todo una comida completa. Y si había tres, quería decir que, además, podían pasar la noche.

En la mayor parte de las casas se encontraban habitaciones para hospedar a los trabajadores eventuales u otros visitantes. Por otra parte, siempre era posible pasar la noche en el pajar. En algunas comarcas se habla de la "corte de los pobres", habitaciones de la casa de campo destinadas a este fin. De hecho, la relación entre pobreza y la casa comenzaba desde el momento de su construcción; cuando estrenaba alguna vivienda, lo primero que se llevaba era pan y dinero, que eran dados al primer mendigo que se presentaba. El cumplimiento de este ritual se creía que llevaba prosperidad y riqueza en la casa.

Este ciprés estaba situado originariamente en la propiedad de los antiguos terrenos de Can Quiteria. La casa disponía de un gran espacio enfrente con huertos y árboles entre la fachada y la riera de Can Mora, y entre las calles de Vinyoles y Girona. El ciprés se alzaba en la esquina de la calle de Girona y ante la rambla de Can Mora. En febrero de 2004 se urbanizó la plaza y se construyó un parking subterráneo, y a consecuencia de ello todo este espacio y el ciprés quedaron afectados por las obras. El Ayuntamiento, mediante especialistas y arboricultores y el promotor urbanístico, trasladó el ciprés y una voluminosa masa de tierra con dos grandes grúas desmontables a la otra punta de la plaza, frente a la casa solariega, donde actualmente preside la plaza de Can Quiteria.

Imágenes