Introducción
Junto a los pequeños saltos de agua de la riera del Fangar observamos un pequeño altar improvisado, hoy deteriorado, dedicado a una advocación mariana conocida como la Miraculosa o de la Salamandra.
La riera suele estar seca, pero mantiene un ambiente fresco y húmedo, especialmente en otoño y primavera, cuando el agua hace brotar la fuente y se acumula en las pozas del lecho. El sotobosque es pobre debido a la escasa entrada de luz. Las hiedras y el bonito rusco son típicos del encinar.
Es en estos puntos de agua y humedad donde la salamandra deposita los huevos o directamente las larvas, ya que es ovovivípara. El celo tiene lugar en otoño, pero la hembra almacena el esperma hasta que las condiciones ambientales son favorables. Normalmente, entre seis y ocho meses después, deposita huevos o larvas en aguas tranquilas y limpias.
Es de hábitos nocturnos y terrestres, lenta en sus desplazamientos, y se alimenta en zonas húmedas con hojarasca. Es más fácil observarla tras las lluvias. En verano suele refugiarse para superar el periodo seco. Si el invierno es muy duro puede hibernar, aunque en esta zona no suele hacerlo.
Su coloración sirve de advertencia a los depredadores, ya que posee un veneno cutáneo que puede provocar irritación en mucosas o piel sensible. Puede llegar a vivir hasta 20 años.