Introducción
La llanura, las marinas, se destinaban a cultivos de huerta y árboles frutales, más productivos gracias al agua.
Aquí, en la montaña, se practicaban cultivos de secano: cereales y viña. Olivos y almendros eran minoritarios. La viña se intensificó a partir del siglo XVIII. Estas laderas empinadas y soleadas eran perfectas. Las barracas de viña y los márgenes de pizarra, ocultos entre la maquia y el pinar, nos hablan de este escalonamiento del terreno para facilitar el cultivo.
Con la filoxera, la viña quedó reducida y muchas parcelas fueron abandonadas. Esta plaga entró en el Penedès hacia 1893 y arrasó 885.000 hectáreas de viñedo en ocho años.
Fijaos en las alineaciones de cerezos y el mosaico con pinos en el sector de la Roureda hacia Sant Climent. Los cerezos y algarrobos, que aún hoy salpican la ladera, fueron una alternativa hasta que el abandono fue general y se optó por plantar el pinar de pino carrasco que hoy vemos y que transforma el paisaje. La gestión forestal debe orientar esta transformación, favoreciendo la diversidad de especies, las distintas edades del bosque y la recuperación del encinar primigenio.